Revisión por pares
PRAXIS aplica revisión externa por pares con doble anonimato para valorar la calidad científica, metodológica y ética de los manuscritos sujetos a arbitraje.
Modelo de evaluación
Las identidades de autores y revisores no se comunican entre sí. El equipo editorial conoce esas identidades para gestionar el expediente. El anonimato no puede garantizarse de forma absoluta: si un revisor reconoce la autoría, debe informar al editor y declarar cualquier conflicto que afecte su imparcialidad.
Artículos sujetos a arbitraje
Los artículos originales, revisiones, casos clínicos y ensayos científicos que superan la evaluación inicial se remiten a revisión externa. Las cartas al editor y los editoriales reciben evaluación editorial; podrá solicitarse arbitraje externo según su contenido. Los números especiales mantienen los mismos criterios de calidad e independencia.
Selección e independencia
Cada manuscrito sujeto a arbitraje requiere informes de al menos dos revisores externos e independientes, seleccionados por su experiencia temática o metodológica y disponibilidad. Los evaluadores deben declarar conflictos y abstenerse cuando comprometan su independencia. Si se reciben sugerencias de los autores, la elección corresponde al editor.
Los trabajos de editores o miembros del equipo se gestionan por un editor sin conflicto. El autor no participa en la selección de revisores ni en la decisión de su manuscrito.
Materiales e informes
Los materiales suplementarios necesarios para valorar el estudio se revisan junto con el manuscrito. Los documentos administrativos o identificables que no sean necesarios para la evaluación científica permanecen bajo gestión editorial restringida.
Los informes son confidenciales y no se publican por defecto. Los comentarios destinados a los autores se presentan sin firma ni identificadores del revisor; las observaciones reservadas al editor se registran por separado. Una lista pública de revisores no identifica qué manuscrito evaluó cada persona.
Valoración de los dictámenes
Los revisores asesoran; la decisión corresponde al editor responsable. Los informes se ponderan por su fundamento, sin sustituir el juicio editorial por una votación. Las discrepancias relevantes pueden requerir otro evaluador o una valoración especializada.